LA PROMESA DE LA VIDA PERUANA JORGE BASADRE PDF

El pecado lo ha hecho ocultarse. La vida unida a la fuerza sobrenatural de la gracia abren el camino para su acceso. El Objeto Sagrado no existe. No es excepcional porque es moralmente mejor, sino tal vez porque es peor. Y por eso se explica que en el instante de su nacimiento como Estados soberanos, alejaran su mirada del ayer para volcarla con esperanza en el porvenir.

Author:Jugore Dill
Country:Cameroon
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):10 September 2007
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En: La promesa de la vida peruana y otros ensayos. Autor: Editorial Juan Meja Baca. El Per moderno lo hemos dicho muchas veces debe a la poca pre-hispnica la base territorial y parte de la poblacin; de la poca hispnica provienen tambin la base territorial, otra parte de la poblacin y el contacto con la cultura de Occidente; y la poca de la Emancipacin aporta el sentido de la independencia y de la soberana.

Mas en esta ltima etapa, madura asimismo un elemento psicolgico sutil que puede ser llamado la promesa. El sentido de la independencia y de la soberana no surge bruscamente. Dentro de una concepcin esttica de la historia el perodo de tiempo comprendido entre y se llama la Colonia. Para una concepcin dinmica de la historia, dicha poca fue la de la formacin de una sociedad nueva por un proceso de rpida "transculturacin", proceso en el cual aparecieron como factores descollantes la penetracin de los elementos occidentales en estos pases, la absorcin de elementos de origen americano hecha por Occidente, el mestizaje, el criollismo y la definicin de una conciencia autonomista.

Los americanos se lanzaron a la osada aventura de la Independencia no slo en nombre de re-vindicaciones humanas menudas: obtencin de puestos pblicos, ruptura del monopolio econmico, etc. Hubo en ellos tambin algo as como una angustia metafsica que se resolvi en la esperanza de que viviendo libres cumpliran su destino colectivo.

Nada ms lejos del elemento psicolgico llamado la promesa que la barata retrica electoral peridica y comnmente usada. Se trata, de algo colocado en un plano distinto de pasajeras banderas. An en los primeros momentos de la independencia as qued evidenciado.

Los llamados separatistas o patriotas entraron en discordias intestinas demasiado pronto, antes de ganar esa guerra, an antes de empezar a ganarla. Se dividieron en monrquicos y republicanos y los republicanos, a su vez, en conservadores y liberales, en partidarios del presidente vitalicio y del presidente con un perodo corto de gobierno, en federales y unitarios. Y sin embargo, a pesar de todo el fango que con tal motivo mutuamente se lanzaron, y a pesar de la sangre con frenes vertido entonces, para todos ellos esa victoria en la guerra de la Independencia al fin lograda despus de catorce aos, apenas si fue un amanecer.

Las nacionalidades hispano-americanas tienen, pues, un signo dinmico en su ruta. Su anteceden-te inmediato fue una guerra dura y larga; su origen lejano, un fenmeno de crecimiento espiritual dentro del proceso vertiginoso de la "transculturacin" de la civilizacin occidental en este suelo simblicamente llamado el "Nuevo Mundo".

Y por eso se explica que en el instante de su nacimiento como Estados soberanos, alejaran su mirada del ayer para volcada con esperanza en el porvenir. Esa esperanza, esa promesa, se concret dentro de un ideal de superacin individual y colectiva que deba ser obtenido por el desarrollo integral de cada pas, la explotacin de sus riquezas, la defensa y acrecentamiento de su poblacin, la creacin de un "mnimum" de bienestar para cada ciudadano y de oportunidades adecuadas para ellos.

En cada pas, vino a ser en resumen, una visin de podero y de xito, para cuyo cumplimiento podran buscarse los medios o vehculos ms variados, de acuerdo con el ambiente de cada generacin.

En el caso concreto del Per, sin saberlo, la promesa recogi algunos elementos ya conocidos en el pasado transformndolos. Los incas para sus conquistas inicialmente procuraron hacer ver a las tribus cuya agregacin al Imperio buscaban, las perspectivas de una vida ms ordenada y ms prspera. Ms tarde, incorporado el Per a la cultura occidental, su nombre son universalmente como fascinador anuncio de riqueza y de bienestar. Al fundarse la Independencia, surgi tambin, un anhelo de concierto y comunidad: "Firme y feliz por la Unin", dijo, por eso, el lema impreso en la moneda peruana.

Y surgi igualmente en la Emancipacin un anuncio de riqueza y de bienestar proveniente no slo de las minas simbolizadas por la cornucopia grabada en el escudo nacional sino tambin por todas las riquezas que el Per alberga en los dems reinos de la naturaleza, que el mismo escudo simboliza en la vicua y en el rbol de la quina.

Un fermento adicional tuvo todava la promesa republicana que el "quipu", inca y el pergamino colonial no pudieron ostentar porque ambos correspondan a un tipo de vida socialmente estratificada: el fermento igualitario, o sea el profundo contenido de reivindicacin humana que alienta en el ideal emancipador y que tiene su mxima expresin en el "Somos libres" del himno. Lgrimas de gozo derramrnosle en la Plaza de Armas de Lima el 28 de julio de ; con majestad sacerdotal se sentaron los hombres del primer Congreso Constituyente en sus escaos; heroicamente fueron vertidos torrentes de sangre tantas veces, estentreos sonaron los gritos de tantas muchedumbres incluyendo las que vocearon su solidaridad con Mxico, Cuba y Centro Amrica amenazados y las que combatieron cantando el 2 de mayo de Y sin embargo cun pronto se escucha tambin en nuestro siglo XIX quejas y protestas, voces de ira y desengao, recitaciones vacas, loas serviles, alardes mentidos, y se ven al mismo tiempo, encumbramientos injustos, pecados impunes, arbitrariedades cnicas y oportunidades malgastadas!

A pesar de todo, en los mejores, la fuerza formativa e inspiradora de la promesa sigui alentando. Dejarla caer implic el peligro de que otros la recogieran para usarla en su propio beneficio, quizs sin entender bien que el destino dinmico de estas patrias, para ser adecuadamente cumplido, necesita realizarse sin socavar la cohesin nacional y los principios necesarios para el mantenimiento de su estabilidad.

Porque careciendo de otros vnculos histricos, algunos de estos pases tienen como ms importante en comn slo su tradicin y su destino. En aquel mbito de la vida republicana sobre el cual resulta posible intentar un juicio histrico, llaman preferentemente la atencin dos entre los diferentes modos como se intent el cumplimiento de la promesa: el debate entre las ideas de libertad y autoridad y el afn de acelerar el progreso material. El dilema libertad-autoridad no estuvo felizmente planteado por los idelogos del siglo XIX.

Los liberales se dejaron llevar por la corriente de exagerado individualismo que despus de la Revolucin Francesa surgi en Europa. Tuvieron de la libertad un concepto atmico y mecnico. No miraron a la colectividad como a una unidad orgnica.

En las Constituciones de , , , y intentaron el debilitamiento del Ejecutivo y pusieron en todo instante una fe excesiva en el sufragio, cuya mxima ampliacin buscaron. Por su parte, los conservadores fueron incrdulos ante la ilusin del sufragio, criticaron la accin del Poder Legislativo lanse, por ejemplo, las pginas de "La Verdad" en y las notas de Bartolom Herrera al texto de Derecho Pblico de Pieiro Ferreira y quisieron fortalecer el Ejecutivo.

Pero a veces les caracteriz su falta de espritu de progreso, su carencia de fe en el pas y su poca cohesin. Los liberales, en cambio, tuvieron seduccin en su propaganda, optimismo, inquietud por los humildes. Cabe pensar, por eso, que el ideal habra sido "encontrar, una frmula que recogiendo los matices mejores de ambas concepciones fuese hacia un Estado fuerte pero identificado con el pueblo para realizar con energa y poder una obra democrtica" Son palabras de quien escribe tambin estas lneas, incluidas en un estudio titulado "La Monarqua en el Per"; que se public en El afn exclusivo por el progreso material se plantea por primera vez en gran escala por accin de Enrique Meiggs hacia Este hombre de negocios norteamericano haba vivido en Estados Unidos durante el rpido trnsito de dicho pas desde la vida agrcola hacia la vida industrial.

Haba visto Meiggs, por lo tanto, surgir y desarrollarse aquella exuberancia de energa, aquella actividad casi frentica que sigui a la guerra de Secesin, mediante las construcciones de ferrocarriles, la difusin del telfono y del cable y las especulaciones osadas de los bancos y bolsas comerciales.

Modelar el continente para beneficio del hombre y participar en las grandes ganancias que de all resultan: ese fue el ideal de dicha poca. Meiggs quiso aplicar bruscamente la misma panacea en el Per.

De all la febril construccin de ferrocarriles, los grandes a emprstitos, "el vrtigo comercial que arrastr a los hombres de negocios a toda clase de negocios". Bien pronto sin embargo vinieron la formidable oposicin ante la nueva poltica econmica, la tragedia de los hermanos Gutirrez, la crisis que precedi a la guerra con Chile.

La experiencia evidenci as que el desarrollo material del pas no deba ser una meta nica. Evidenci tambin que este mismo desarrollo, para ser slido, necesita basarse no slo en la hacienda pblica, sino tambin en una permanente estructura industrial y comercial, y que en la administracin fiscal preciso es dar importancia, al lado del aumento de las rentas y de los gastos, a un maduro y sistemtico plan econmico.

Para qu se fund la Repblica? Para cumplir la promesa que en ella se simboliz. Y en el siglo XIX, una de las formas de cumplir esa promesa pareci ser durante un tiempo la preocupacin ideolgica por el Estado y ms tarde la bsqueda exclusiva del desarrollo material del pas. En el primer caso, el objetivo por alcanzar fue el Estado eficiente; en el segundo caso, fue el pas progresista. Ms en la promesa alentaba otro elemento que ya no era poltico ni econmico. Era un elemento de contenido espiritual, en relacin con las esencias mismas de la afirmacin nacional.

Comprendieron y desarrollaron ntegramente y de modo exhaustivo ese otro matiz de la promesa los hombres del siglo XIX que, por lo dems, no malograron ni la estabilidad del Estado ni el integral progreso del pas? He aqu lo que un peruano, tambin del mismo siglo escribi: "Como individuo y como conjunto, finalmente, el hombre necesita tener un ideal que perseguir, una esperanza que realizar. Por ese ideal y conforme al que se trazan, se hacen los hombres y los pueblos.

Cuando carecen de l se arrastran, como nosotros, perezosos, desalentados, perdidos en el desierto, sin luz en los ojos ni esperanza en el corazn. Crearlo digno y levantado y mantenerlo siempre viviente para los individuos y para el conjunto es suprema necesidad de todo el pueblo y misin encomendada a los que lo guan".

Ante el problema de las "elites" Despus de rastrear el curso de los acontecimientos, las peripecias de los actores ms importantes, la evolucin de las ideas constitucionales y las ideas-fuerza en las distintas generaciones, no queda agotado el campo de la meditacin histrica.

Queda siempre abierto el camino para el estudio de las instituciones, de la cultura, de las costumbres y de las modas. Queda, adems, el campo de la historia econmica, jurdica, militar, naval, diplomtica, internacional. Y est, por ltimo, el campo especficamente social. Dentro de ste, la perspectiva es de por s amplsima. No se limita, por lo tanto, a la gradacin de las distintas clases, ni al dilema individuomultitud, ni al contraste entre el caudillaje y los textos legales.

La historia social cubre todos esos temas, y despus de agotados no se ha agotado a s misma. Uno de los ms fascinantes y menos estudiados asuntos que la historia social ofrece entre nosotros, es el que atae a las lites. Un pas no es slo pueblo.

El pueblo suministra la base telrica, la unidad histrica, el complejo sociolgico, la estructura econmica, la materia prima humana, que son los cimientos de un pas. Ah no queda, por lo dems, su aporte. El se manifiesta tambin mediante un conjunto de urgencias y de aspiraciones quizs confusas, de posibilidades y de necesidades a veces mutiladas, de empresas y de esperanzas siempre latentes.

No es, por lo tanto, su contribucin una simple carga del pasado. Pero si ese pas quiere desempear una funcin activa en el mundo, necesita algo ms que una masa.

Necesita mando. En pocas y en ambientes donde priv tradicin, ese mando parti de la aristocracia de sangre. Error profundo suponer, sin embargo, que slo esos aristcratas por herencia mandaron. Siempre mand alguien. En las pocas ms revueltas emergieron jefes improvisados, seguramente los que evidenciaron mayor audacia, valenta o decisin. Y democracia no quiere decir que nadie gobierne, sino que el pueblo escoge a sus propios dirigentes por medio del sufragio, para un tiempo corto y con poderes limitados, seleccionndolos segn los partidos polticos a los que pertenecen.

No hay nada reaccionario, pues, en esta teora del necesario mando. Las grandes democracias anglosajonas han inventado y popularizado una palabra que expresa tal vez ms ntidamente que el castellano este concepto: "leadership". Y desde nios los anglosajones se entrenan en el arte de dirigir y de obedecer libremente, y el juego llamado "follow the leader" o sea, "seguir al jefe" as lo indica. Su diferencia con la concepcin totalitaria del mando no est en la existencia misma de l, sino en el modo como surge, en sus alcances, extensin o duracin, en el mbito que se deja a la accin individual, en el carcter absoluto o relativo de la obediencia.

Sin embargo, ningn problema ms discutido en nuestro tiempo que el problema de los dirigentes, o sea el problema de las lites. Frente a los distinguidos caballeros que se creen facultados para cualquier exceso porque heredaron un nombre y una cuenta corriente, se yerguen con ms encono en estos tiempos los que quisieran arrasar con todas las jerarquas; a los flancos de la soberbia, siempre emerge el rencor.

Si por un lado estn los que creen que dirigir es hacer uso nicamente del ltigo, por otro lado proliferan los que al pretender eliminar a las llamadas clases dominantes en ciertos pases estn en realidad queriendo eliminar a las clases educadas, es decir, amenazando la delgada capa de cultura all erigida. En la crisis de las lites tradicionales tienden a definirse nuevas lites. La Revolucin Rusa y la Unin Sovitica han creado, por cierto, la suya.

Ni la juerga ni el ltigo son el smbolo de las lites autnticas. Tampoco el camarote de lujo de la emigracin. Harto populares se hicieron en una poca esos suramericanos ostentosos que iban a derrochar sus fortunas en Europa; menos populares, aunque asaz frecuentes, fueron esos otros suramericanos emigrados no por la violencia de la poltica o por el poder de la fortuna, sino por el malestar ntimo que la patria les causaba. Pero en esta especie infortunada de trasplantados, en esta aristocracia que volteaba las espaldas al propio solar, quiz al lado de desniveles econmicos y culturales urgentemente remediables, haba un fenmeno natural e inevitable de atraccin hacia lo ms grande, hacia lo ms prestigioso.

Porque otros trasplantados o emigrados anlogos llegaron tambin a Europa provenientes de los Estados Unidos, donde ciertamente no podan aparecer crticas acerca de la falta de comodidades, o acerca de las turbulencias polticas, o acerca del primitivismo econmico. Y no slo fueron las "princesas del dlar", cuyas andanzas de opereta ha renovado en los ltimos tiempos Brbara Hutton, a cuyo lado cualquier "snob" suramericana resultara sencilla, sino escritores famosos como Gertrudis Stein, o gente selecta como aquella pintada por Elmer Rice en su famosa obra "The Left Bank".

Ni los que emigran, ni los que se disipan en la frivolidad ni siquiera los que saben manejar e ltigo cumplen la misin esencial de las autnticas lites: comandar. Las singulares caractersticas que la Independencia present en el Per con la participacin argentina y colombiana determinaron dos hechos de vastas proyecciones: 1 no surgi en esa guerra un gran caudillo militar peruano; 2 la nobleza no presidi como grupo social orgnico el comienzo de la Repblica.

Empobrecida por la guerra, contempl luego cmo eran abolidos los ttulos de nobleza y cmo eran abolidos los mayorazgos.

ASTERIX APUD BRITANNOS PDF

Jorge BASADRE En: La promesa de la vida peruana y otros ensayos. (1958).

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EFFET PHOTOLECTRIQUE PDF

Basadre, la vigencia de La promesa de la vida peruana (1944)

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ESTADO MARAVE PDF

Jorge Basadre recuerda "La promesa de la vida peruana": "El ParaĆ­so en el Nuevo Mundo"

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