CARVER DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR PDF

However this is 20th century Carver county America, so the object of love remains always women for men and men for women — not even close to seeing the opposite sex as the first step on the ladder leading to a more generalized universal love of philosophic wisdom. Dionysius, One: Terri lived with Ed before she lived with Mel. Sidebar: Ed embodies the ancient Greeks myth of Dionysius, the frenzied, drunk intensity of unbridled passion gone wild. Dionysius, Two: Mel relates how Ed would call him up on the phone to threaten his life and once actually tried to kill him.

Author:Maujind Meztilmaran
Country:Lesotho
Language:English (Spanish)
Genre:Business
Published (Last):9 December 2005
Pages:43
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ISBN:511-2-94930-991-4
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Carver Estaba hablando mi amigo Mel McGinnis. Mel opinaba que el verdadero amor no era otra cosa que el amor espiritual. Le gustaban los collares de turquesas y los pendientes largos. Puede sonarte a disparate, pero es verdad. La gente es diferente, Mel. Algunas veces actuaba como un loco, es cierto.

Lo admito. Pero me amaba. No digas que no. Eso es todo. No me atrevo a juzgarle. El tipo de amor al que me refiero no te lleva a intentar matar gente. Lo llevaron al hospital de Santa Fe. Quiero decir que era como si se le separaran de los dientes. Era peligroso. Cara y brazos bronceados por el tenis. Cuando estaba sobrio, sus gestos, sus movimientos, eran precisos, en extremo cuidadosos. No estoy diciendo eso. Quiero decir que ese hombre estaba loco. Era capaz de ponerte una bomba, de cualquier cosa.

Era algo que daba miedo. Entraron con una llave maestra y vieron lo que pasaba y llamaron una ambulancia. Pero estaba dispuesto a morir por su amor. Para nosotros, por lo menos. Todos mostraron su regocijo. Pues esperad un poco. Quiero proponer un brindis. Un brindis por el amor. Por el amor verdadero. Hicimos chocar los vasos. El sol de la tarde era como una presencia en la cocina: la ancha luz de la calma y la generosidad.

Voy a poneros un buen ejemplo. Laura y yo volvimos a juntar nuestras rodillas. Decimos que nos amamos, y nos amamos, no lo dudo.

El amor carnal y, bueno, digamos el amor sentimental, ese cuidado cotidiano para con la otra persona. Como Terri y Ed. Pero ahora la aborrezco. De verdad. De acuerdo, otra vez a Ed. Se os nota en todo. Y puede que ni siquiera un recuerdo. Quiero saber. Y soy el primero en admitirlo. No necesito estar borracho para decir lo que pienso. No estoy de guardia.

Y a ti, Nick. Bueno, iba a demostrar algo. Como iba diciendo, hay una vieja pareja que tuvo un accidente en la autopista interestatal. Nadie les daba muchas probabilidades de salir con vida. Mel nos pasaba la botella. Era por lo de ese accidente de una interestatal. Bueno, malamente. Creedme, un estado lamentable. Vuestro portavoz, el doctor Melvin R.

Terri fue a su encuentro. Se besaron. Usad siempre los cinturones de seguridad. Pero hablando en serio, los viejos estaban muy mal. Raras veces se ve algo parecido. Bien, pues los instalamos en Vigilancia Intensiva, se pasaron dos semanas luchando por sobrevivir, mejorando poco a poco en todos los aspectos. Mel hizo una pausa. Acabemos esta maldita ginebra barata.

Terri y yo conocemos un sitio nuevo. Pero no nos moveremos hasta que acabemos esta maldita ginebra. Pero tiene buen aspecto. Por fuera, quiero decir. Pero dejad que os diga una cosa. Pero imagino que hasta los caballeros eran vesallos [1] de alguien.

Pero incluso hoy todos somos siempre vesallos de alguien. Pero lo que me gusta de los caballeros, aparte de sus damas, es esa armadura que llevaban.

Es vasallos, no vesallos. No soy culto. A veces, Mel, los caballeros se asfixiaban dentro de aquellas armaduras. Y a veces los pisoteaban sus propios caballos. Es terrible, Nicky. Los imagino tendidos en el suelo, a la espera de que apareciera alguien y los convirtiera en pinchos morunos.

O en nombre de la jodida causa por la que lucharan en aquellos tiempos. Sus ojos brillaban. No has acabado de contar la historia. Las cerillas se le apagaban una y otra vez. Era una broma. Escayolas y vendajes, de la cabeza a los pies, ambos. Y ella, para colmo con las piernas en alto. Bien, pues el marido estaba deprimido la mayor parte del tiempo. Pero no por el accidente. Los tres miramos a Mel. Acabemos esta puta ginebra.

Luego nos vamos a cenar. A ese sitio nuevo. Voy a llamar a mis hijos. Cuando no rezo para que vuelva a casarse, rezo para que se le eche encima un maldito enjambre de abejas y la mate a aguijonazos.

A veces se me ocurre ir a su casa vestido de apicultor. Ya sabes: esa especie de yelmo con la plancha que te tapa la cara, los grandes guantes y el traje acolchado. Llamo a la puerta y suelto el enjambre dentro de la casa. Puede que no fuera tan buena idea. Puede que lo que hagamos sea irnos a cenar.

Comer o no comer. O seguir bebiendo. Eso es todo lo que he dicho.

GUNTHER ENDERLEIN PDF

De qué hablamos cuando hablamos de Raymond Carver

Mel opinaba que el verdadero amor no era otra cosa que el amor espiritual. Le gustaban los collares de turquesas y los pendientes largos. Puede sonarte a disparate, pero es verdad. La gente es diferente, Mel.

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De qué hablamos cuando hablamos de amor (Raymond Carver)

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